martes, 11 de febrero de 2014

Ansiedad

Todo da vueltas y pasa muy rápido, todos corren no sé por qué.
Una gota fría corre por mi frente desesperadamente, la vista se nubla y todo se deforma. La gota penetra en mí y produce escalofrío en la piel tersa. Alguien me habla pero no escucho, está frente de mí más solo veo una mancha; la mancha cada vez se acerca más a mí, el escalofrío aumenta y el corazón se acelera. El cuerpo es trémulo y frío, todo se sale de control y todo ante mí gira cada vez más rápido...

martes, 4 de febrero de 2014

Abismo


En el abismo de mis lamentos hallo el equilibrio perfecto que nadie entenderá, los colores empiezan a surgir recorriendo mi alma llenándome de luz hasta elevarme a lo más alto de la penumbra; no, esto no es un sueño,   no sé si sea real, pero está pasando.


Me introduzco y comienzo el viaje hacia el centro de mi ser, ella me observa, contemplando el cambio, sanando las heridas. El alma empieza a iluminarse y solo ella está mirando; ante mis ojos está ocurriendo la metamorfosis sin siquiera darme cuenta. Los colores saltan ante la oscuridad y nadie, ni siquiera ella puede hacer nada; pero no hay miedo ni dolor, solo la brisa de la bella soledad que acaricia suavemente los recuerdos.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Nocturna


En la noche es cuando los pensamientos empiezan a surgir, todo se vuelve taciturno, me hallo ante la soledad silenciosa e incómoda. Es ahí donde los demonios y miedos se reúnen a tu alrededor, no hay escape alguno de ellos y te obligan a verlos de frente. Indefensa ante estos seres extraños que habitan en mi cabeza que cobran vida noche tras noche, me veo en la necesidad de salir corriendo, pero me es imposible ya que me tienen acorralada y por más que quiera huir siempre me alcanzan.

Todo es totalmente negro a mi alrededor y solo percibo las siluetas de los monstruos que atacan mi sueño y son responsables de mi insomnio. Noto sus burlas, sus grandes risas hacia mí y yo tan sólo parezco un ratón indefenso que ve a estos seres enormes cual si fueren rascacielos inquebrantables.  Trato de ignorarlos y seguir mi curso, pero siempre en algún momento aparecen, justo cuando me hallo más indefensa sin ningún arma para atacar.

Tanto tiempo con esto, que creo que me he acostumbrado a ellos, aunque no siempre estoy de humor para convivir con ellos, ni ellos conmigo. A veces son muy crueles que me hacen estallar en un mar de desesperación. Sí, creo que he llegado a considerarlos como mis amigos, de cierta manera son los que me han hecho más fuerte, quizá un tanto fría y cruda, igual que ellos. No veo cuándo puedan desaparecer, creo que les gusta venir a visitarme.

Cada noche que pasa me voy sintiendo más cómoda ante su presencia, creo que los he llegado a conocer muy bien a varios de ellos, a algunos otros, se esconden entre los rincones de mi habitación, incluso los miedos tienen miedo de ellos mismos. Hay otros que no han venido a visitarme hace ya varios días, varios meses incluso, pero me percato que hay nuevos miembros.  Pero ya no me asustan con facilidad, he llegado a pensar que son en los únicos en quien puedo confiar.

A veces me hacen llorar, a veces me hacen reír, incluso me hacen gritar hasta hacerlos ensordecer. Pero aún así, se quedan conmigo, permanecen toda la noche a mi lado y justo a la primera luz del día desaparecen y de nuevo me hallo frente a la monotonía de la vida, esperando a que algo fascinante pase en el día.

No me queda más que esperar a la noche, que es cuando todo realmente sucede, donde todo lo real ya no lo es, para así pasar a un mundo paralelo donde lo intangible se vuelve tangible, cobra vida y tiene rostro. Es precisamente por ello que solo mis demonios y mis miedos cobran vida únicamente por la noches, se personifican para así ser de mis noches mágicas. No me es necesario cerrar los ojos y dormir para tener un sueño o para tener una pesadilla pues en el insomnio los monstruos  que me mantienen despierta son los creadores de éstos estando en estado aparente de vigilia.




Es gracioso pensar en cómo de  temerle a esos seres inertes ahora son de quiénes mejor disfruto su compañía. Aunque, pensándolo bien, sólo son producto de mi imaginación. ¿Será que los he creado para no estar sola?¿Será que me estoy volviendo loca? Quizá solamente he aprendido a disfrutar de eso que alguna vez y que todavía en ocasiones me atormenta.

Cuando estoy con ellos es como si estuviera en un parque de diversiones, donde me puedo subir a cualquier juego y sentir toda clase de sensaciones, de sentimientos. Puedo estar  riendo sin parar por todo y por nada, pero en un abrir y cerrar de ojos puedo pasar a estar en un llanto sin fin, también por todo y por nada. Y a todo ello, los únicos responsables de provocar todo esto en mí son estos seres extraños  alucinantes.

En algunas ocasiones, aparece un igual a mí, junto con sus demonios y miedos, así los suyos y los míos interactúan con gran armonía, parece que se entienden muy bien incluso pueden fusionarse y volverse uno solo, haciéndose más grande de lo que ya son. Pero no nos atacan, sino que nos invitan a unirnos en su juego, incluso hay ocasiones que entre tanta oscuridad hay pequeños destellos de colores fascinantes de pequeña felicidad que se siente.

También hay veces en las que él y sus monstruos nos visitan, sin ningún ánimo de jugar, de hacer magia y luz. En esas ocasiones, sólo nos sentamos a contemplar la oscuridad inmensa que nos abraza con su melancolía y los monstruos se quedan en silencio tristes llorando por nuestro existir.

A veces deseo perderme en ese mundo paralelo y no volver a la realidad, aunque me pregunto si es existente aquello que llamamos real, quizá todo, absolutamente todo sea producto de nuestra mente.

Me percato que en ese momento de la noche en que me siento acompañada por esos seres que habitan dentro de mí en el día para salir por la noche, que en realidad es una proyección producto de mi soledad, así es, a final de cuentas sigo estando sola y en silencio tratando de hacer menos pesada la existencia, enfrentándome a mí misma, conociendo todo lo que hay en mi interior.

Ahora no me queda más que disfrutar de esa soledad, sea amarga o dulce. Siempre estará ahí presente… 

martes, 4 de septiembre de 2012

Tarde es


Gota a gota todo se derrumba,
cual si fueren castillos de arena
que con agua de mar se desmorona
y nos arrastra hacia la tumba.


Todo alrededor se desvanece,
sólo queda oscuridad en los ojos.
Los sueños se han hecho añicos,
ahora ya nada te pertenece.

Ahora estás perdido en el limbo,
Dando vueltas sin encontrar salida
Y sin poder estar al arribo.

Quieres rescatar todo lo perdido,
pero ya es demasiado tarde.
Muerto estás, quedaste en el olvido.

martes, 28 de agosto de 2012

El dinsaurio


En algún lugar de algún país frío y lejano existió una niña, una bella niña llamada Sonia. Ella  vivía en una castillo inmenso, donde habitaban su papá, su mamá y su hermano mayor. Junto con ellos también habitaba la servidumbre, una de esas personas era su nana Maggie. Nana Maggie era la única que estaba al pendiente de la pequeña Sonia, ya que sus papás siempre se encontraban ocupados y su hermano se la pasaba de fiesta en fiesta.

A Sonia le daba la impresión de que su nana era mágica, pues siempre que le contaba historias se sentía dentro de ellas, imaginaba todo lo que sucedía.

Una noche, antes de dormir, nana Maggie le contó una de sus historias a la pequeña Sonia. Se trataba de un dinosaurio, un triceraptors, enorme y con dientes filosos, esta vez a Sonia le dio mucho miedo. ¡Imaginarse un dinosaurio que parecía que se la quería comer!¡Qué espanto! Al final del cuento ella seguía perpleja de lo que imaginó, aun cuando la historia había terminado veía al triceraptors en frente de ella, se quedo un largo tiempo sentada en la cama viéndolo, sin decir palabra alguna hasta quedarse dormida, aún dentro de sus sueños seguía viendo al dinosaurio. Y cuando despertó, el dinosaurio todavía seguía ahí.  Asustada saltó sobre la cama, no entendía por qué seguía ahí, ni siquiera se atrevía a tocarlo para averiguar si era real.

-¡Nana Maggie!- Gritó con desesperación. La nana de inmediato corrió a la habitación de Sonia a preguntarle qué pasaba, Sonia le contó lo ocurrido intentando señalar al dinosaurio, pero nana Maggie no veía nada. Ninguna de las dos entendía lo que ocurría. Nana Maggie se sintió culpable por causarle ese temor a Sonia, ahora la pequeña no podía quitar la imagen del dinosaurio de su cabeza.

A nana Maggie se le ocurrió contarle otro cuento, donde no había dinosaurios, tal vez así Sonia olvidaría al triceraptors e imaginaría cosas fantásticas y grandiosas. Pero Sonia a pesar de los cuentos hermosos que le contaba la nana seguía viendo al dinosaurio cuanto tras cuento, el triceraptors estaba presente en cada una de esos cuentos.

De pronto, a nana Maggie se le ocurrió otra idea, que Sonia intentara platicar con el dinosaurio, ver si este le respondía. Sonia a miró con gran temor y asombro. Tenía miedo de hacer enojar al triceraptors y se la comiera. La nana le dijo que de ser así, ya se la hubiera comido desde antes, que no tuviera miedo, que sólo así podría saber la razón que estuviese ahí al dinosaurio.

Sonia temblando de miedo se acercó lo más que pudo al dinosaurio, temblaba de miedo.-Hola, me llamo Sonia. ¿Y tú?- Le dijo al dinosaurio. Pero el triceraptors no respondió, solo la miraba fijamente. -¿Por… por qué estás aquí?¿Qué quieres de mí? Sólo no me comas por favor. Ante esto el dinosaurio se echó a reír fuertemente mientras que Sonia se atemorizó aún más.

-¿Comerte? ¡Ja ja ja!¿Cómo podía ser posible eso? A menos que tú lo quieras, puesto que soy productos de tu imaginación y de tus miedos.-Dijo el dinosaurio.

-¿Producto de mi imaginación y mis miedos?¿Y por qué no haz desaparecido?¿Por qué sigues aquí?

-Es sencillo, sigo aquí porque así lo haz deseado. ¿Ves el tamaño gigantesco que tengo? Bueno, pues es el tamaño de tus miedos, debes aprender a lidiar con ellos, o mejor aún, vencerlos.

-¿Cómo hago eso?¿Qué tengo que hacer para vencerlos?

-Lo mismo que haz hecho conmigo, enfrentarlos. ¿Ves? Ahora me he encogido, eso quiere decir que ya no me temes. Apóyate en tu nana, ella te ayudará a vencer tus miedos y serás más fuerte.

Sonia sorprendida de lo que le había dicho el dinosaurio se echó a llorar, pues reconocía que temía a muchas cosas. Nana la abrazó y la consoló, le dijo que esto era porque no se le permitía salir, siempre encerrada. Nana Maggie le dijo que allá afuera hay todo un mundo posibilidades, que era inmenso, pero que tenía que ser fuerte, pues no todo es maravilloso, que se encontraría con cosas buenas y cosas malas, pero que de todo ello tiene que aprender y crecer. Así que Sonia decidida empacó sus cosas para emprender un viaje a todo ello que le era desconocido, aun a su corta edad ella estaba segura que lo tenía que hacer y que no podía seguir viviendo encerrada. Así que Sonia partió y nana Maggie le acompañó en su viaje, viaje del que jamás regresaría a su lugar de origen… 

martes, 14 de agosto de 2012

Cuentos sobre la existencia del ser. Cuento 3: Un domingo cualquiera




Mientras camino siento la pesadez de mi ser, mi levedad, mi soledad. Camino y nadie se da cuenta de lo que pienso, de lo que percibo, personas a mi alrededor dejando la vida pasar, se les va de las manos en tan solo un instante; esperando el semáforo, anhelando que llegue el día en que sean felices, con sus caras alargadas y cansadas de la rutina, añorando un escape a sus deseos.

Me siento en la banca de aquel parque lleno de niños jugando, observo cómo sonríen despreocupados, tan livianos y puros. Y pensar que pasados los años sus almas se perderán en el abismo del tiempo, así como lo han hecho todas esas personas que van caminando de prisa, preocupados por todo y por nada.

Miro a un lado, una pareja de ancianos va caminando tranquilamente por el parque, intercambiando miradas  sonrisas sinceras, disfrutando cada minuto, cada segundo. Después de una vida  ahora se encuentran conscientes de sus personas, disfrutando de lo que ahora son, de lo que queda ellos.

Ahora sigo caminando por el parque, paso junto al lago donde hay un viejo ermitaño dándole de comer a los patos, pasando una y mil cosas por su cabeza, me mira y me sonríe forzadamente, como si tuviera una gran carga en sus hombros. Me dirijo hacia la cafetería de la esquina, entro y le pido a la señorita un chocolate caliente, ella cansada me atiende de la manera más amable, se nota en su mirada que ya no quiere más la misma vida que ha llevado, sólo ella sabe por cuánto tiempo.

Me siento en el sofá de un rincón de aquella cafetería, en frente de mí está un adolescente, tiene la mirada hacia un cuaderno que tiene en la mesa, ¿qué estará imaginando? Al parecer está dibujando un ser extraño que está saliendo de su mente, quizá de algún sueño que tuvo la noche anterior. Ante esto sonrío hacia mis adentros recordando cómo era yo de adolescente.

Por fin llego a mi apartamento, me acuesto en la cama y a través de la ventana miro el infinito acompañada de la luna, aún ella tiene un poco de compañía. Ahora, es mi momento, a lo largo de este domingo tan cotidiano, he pensado sobre los demás, es mi turno, pensar en que soy una de esas personas de las cuales tenía pensamientos vagos, a final de cuentas reflejo lo que soy hacia ellos. Sí, me hallo aquí solitaria dejando la vida pasar minuto a minuto, preguntándome por el todo y por la nada, con sentimientos vacíos, intentando definir la vida y lo que hay en ella. Sin embargo, me hallo perdida en el tiempo sin respuesta alguna andando sin rumbo en contra del reloj.


viernes, 10 de agosto de 2012

Apenas el le amalaba el noema...


Apenas él le llevaba el vino, a ella le temblaban las piernas y caían gotas de pasión, en salvajes olas, en golpes exasperantes. Cada vez que él procuraba acariciar su entrepierna, se enredaba en un nido quejumbroso y tenía que encontrarse de cara al éxtasis, sintiendo cómo poco a poco los cuerpos se estremecían, se iban fusionando, derritiendo, hasta quedar tendido como el Dios en agonía al que se le han dejado caer mieles de oro. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento se acariciaba los pechos, consintiendo en que él aproximara suavemente sus labios. Apenas se tocaban, algo como un imán los unía, los rodeaba y extasiaba, de pronto era el clinón, la estruendosa convulsionante de los cuerpos, la jadeante explosiva del orgasmo, los gemidos del clímax en una voz única. ¡Oh sí! ¡Oh sí! Estando en la cresta de la montaña, se sentían livianos, mágicos y excitados. Temblaba el cuerpo, se vencían las piernas, y todo se desvanecía en un profundo suspiro, en miradas de ensangrentadas gasas, en caricias casi crueles que los exprimían hasta el límite de las penas.